En el año 2004 fui invitado a participar de un ciclo de conferencias sobre venta directa en el hotel Península en Panamá, para que el viaje fuera mas enriquecedor invite a mi amigo Adrián Straightlegs, a ambos nos interesaba el tema de la Venta directa y los conferenciantes eran los mas probos.
Como ejercicio nos propusimos resumir los tres días de conferencias extrayendo lo que para cada uno de nosotros resultara la enseñanza del día y luego, al terminar el ciclo, debatiríamos para elegir cual era la enseñanza más importante con que volveríamos a casa. A medida que el ciclo se desarrollaba y los expositores hablaban de motivación, liderazgo y ventas, jamás pensamos en que la lección más importante del ciclo ocurriría fuera de la sala de conferencias. Al finalizar el ultimo expositor fuimos los últimos en salir de la sala, nos sentamos a descansar dos minutos en los sillones que estaban junto a la puerta, que daba a un anexo al salón, por donde entraban y salían los conferencistas. Cuando se abrió la puerta del anexo, Adrián y yo, no pudimos evitar darnos cuenta que un grupo de cuatro personas salían conversando amenamente sobre cual restaurante elegirían para cenar. Uno de los cuatro era Luis Lescure de Travel One, el señor Lescure era líder en su organización y líder de ventas en su país y otro era Rene Mantecon un conocido consultor, ellos venían delante. Don Luis vio que el señor Mantecon tenía el cordón de su zapato desamarrado y esta es la conversación que se suscito a continuación:
Lescure: A ver rene tienes el cordón de tu zapato desamarrado. (Mientras se agachaba con intenciones de atarlo)
Manecon: Pero no te preocupes déjame a mi yo puedo atarlo.
Lescure: (ya en cuclillas, en el piso y mirándolo fijamente a los ojos) por favor déjame servir, Rene.
Mantecon: (evidentemente incomodo) pero no hace falta que te molestes.
Lescure: (ya de pie y habiendo atado el cordon del zapato de su compañero y con vos segura y calida) Rene, amigo. El que no sirve, ¡no sirve!.
Rene Mantecon le sonrió y el señor Luis Lescure devolvió la sonrisa, luego continuando con la conversación sobre el restaurante, salieron del hotel.
Adrián y yo nos miramos e inmediatamente coincidimos que esa era la enseñanza más grande que pudimos llevarnos de ese ciclo de conferencias. No en vano ese líder era el numero uno de su país. Con Adrián pudimos reflexionar largo rato sobre este aprendizaje. Ya habíamos escuchado con anterioridad esa frase pero jamás tuvo el sentido que Don Luis había sabido transmitir.
EL QUE NO SIRVE, ¡NO SIRVE!.
Esta historia es real solo cambie algunos hechos y personajes. Licencia del Autor.
domingo, 22 de febrero de 2009
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Vi el video,tambien. Luis tiene bien claro sus objetivos y visión personal. Y por sobre todo es honesto.
ResponderEliminarPara mi honestidad, es cuando lo que yo pienso, digo y hago estan alineados. Luis lo tenia mas que claro.
Que personalidad inspiradora.
Saludos